UN LLAMAMIENTO AL AMOR


               UN LLAMAMIENTO AL AMOR

       No era solamente el “Diario de la Divina Misericordia en mi Alma” libro de la Santa polaca Sor MARIA FAUSTINA KOWALSKA, que yo me había procurado después de aquel retiro de Batuecas en otoño de 2009. Allí conocí a un tocayo de nombre, de Fe y de inquietudes quien me confesó haber llorado con la lectura de un libro titulado “UN LLAMAMIENTO AL AMOR” mensaje del Sagrado Corazón de Jesús a la monjita Española Sor Josefa Menéndez.

Mi amigo había mostrado una profunda tristeza y dolor por el desconocimiento que muchas almas tienen sobre la existencia real del infierno; me recomendó comprar ese libro de Sor Josefa, quien por gracia Divina y para comunicarlo a los demás, un ángel le mostró el infierno, ese destino de tantas almas que se pierden y caen de cabeza a la desolación, que es estar sin Dios, por negarse a aceptar su mera existencia, la supremacía del mismo Creador, e incluso atreverse, por soberbia, a rechazar su perdón y Misericordia. 

En el libro (Un llamamiento al amor) de Sor Josefa Menendez, Dios quiere que no olvidemos aquello mismo que curiosamente también le dijo a Santa Faustina en la misma época,; que El es Misericordia antes que Juez, con lo que primordialmente viene a demostrar Dios al mundo, que El en su esencia, es: Amor. Por ese camino de invitarnos a amar a los demás en caridad,  consigue hacer visible al mundo, su intención de ejercer de espíritu de amor que obra en nosotros; a lo que, por nuestra cuenta, hay que añadir, que cuantos más seamos obedeciendo ese mandamiento de amar, más se reparte el beneficio del amor en el mundo, más visible y cercano se hace Dios a nosotros, más se multiplica su espíritu de amor en el mundo. Al cumplir con obediencia ese gran mandamiento de amar al prójimo como a nosotros mismos, que antes de partir nos legó Jesús, al obedecerlo, estamos amando a Dios, demostramos amar a Dios sobre todas las cosas; por esa obediencia sabia, justo por ahí, vamos de vuelta a la casa del Padre,  al mismo paraíso de vida eterna, ese que por desobediencia perdieron nuestros primeros padres, Adán y Eva. 

Sabemos por tanto, ya con sobrada experiencia, que aunque amemos tanto la libertad individual, las cosas no llegan a buen término si ignoramos a Dios, si prescindimos de El y por tanto debemos cambiar nuestra pretendida libertad desorbitada (que a fin de cuentas es temporal y termina en condena) cambiarla por esa vida eterna que El nos promete por nuestra simple obediencia y adhesión a EL, que es quien en verdad nos conoce. Dios. Reconocerle es poner las cosas en su sitio. Dios y su sabiduría sobre todos nosotros. Y cada uno de nosotros en el sitio en el que Dios nos ponga. Dios el Amador de las Almas, el Creador del bien. 

La otra cara, la de la negligente desobediencia, nos llevará a un infierno real que es el tormento de la eternidad sin Dios; eso es parte de lo que se le mostró en la visión a Sor Josefa Menendez, como aviso para las almas que por estar en la oscuridad y no tener luz, esa que por medio de la FE nos da Jesús, se desorientan y caen al abismo. Pero digamos que el Sagrado Corazón se llevó a Sor Josefa que era alma suya, a su reino de paz, que no al infierno. Dios confesó a esta religiosa lo mismo que a otros escogidos en varios comunicados, que tiene sed de almas, y que nos unamos a su deseo de salvar las más posibles con la práctica de la oración, con ofrecimiento y con sacrificio. Un día los que sean salvados, lo entenderán. Entenderán lo que es el amor.

Dios quiere que con voluntad propia acudamos a El, aunque solo sea por probar nuestra Fe, amor, valía, lealtad, tendencias e intenciones, incluso fracasos y logros voluntarios. Esto a sus ángeles les ayudará a hacer bien la selección para el cielo o para el infierno. Lo más esperanzador del mensaje que sale de su boca, partiendo de su corazón hacia nosotros, es que nos devuelve la confianza en que aunque seamos o hayamos sido pecadores, tras el sincero arrepentimiento, si existe un verdadero arrepentimiento, no nos condena porque su nombre es Salvador, El por nosotros soportó la justicia del Padre, y con ello, por los méritos de su pasión y cruz, consigue darnos nueva vida, vida en gracia en el tiempo que dure ésta. Y luego de la muerte, haciendo gala de su amor misericordioso, y poder, nos resucita para la eternidad, dispuesta desde siempre, para quienes supieron amar; amar la creación, amar al prójimo, amar y hacer el bien, y sobre todas las cosas amar y respetar a Dios. Su infinito poder sobrenatural ya ha sido mostrado a la humanidad por medio de Jesús su hijo; que aun hoy en día, es ejemplo de mansedumbre, humildad, ternura, sabiduría, y actos hechos con amor ; actos y sentimientos dignos de un Dios amador de esta especie humana que aunque no lo sepa, tiene corazón diseñado por Dios; esta especie de hombres y mujeres en la que se complace el Padre Creador, si en nosotros sigue viendo a Jesús, sigue reconociendo a su hijo amado.

Nuestro Dios nos llama al amor, porque es una especie de mendigo de amor en el día a día. Nadie más que El puede alcanzar una concepción de tanto amor - dolor a cambio de desprecios. Todavía a día de hoy lo mismo que su hijo mayor, sus demás hijos pequeños reciben lanzadas para rematar. Y El, eterno paciente, desde su Misericordia, desde su eternidad, a cambio de reconocimiento de culpa y conversión, nos ofrece perdón, y nos promete gracia, vida eterna y felicidad. 

Solo El en su poder omnisciente conoce el gran número de los que con los brazos abiertos y como Padre y como Rey, espera en la eternidad; y la amargura que a pesar suyo sentirán tantos que se niegan a algo tan simple como reconocer su condición inferior y a aceptar que sobre todos nosotros esta y estará siempre la supremacía de Dios (aun por mucho que se nos haya dado). Avisados estamos desde siglos que la condena eterna de cualquiera se podría cambiar por gloria con tan solo reconocer nuestra miseria (polvus eris) y decir sí al ofrecimiento gratuito del redentor. Lo más propio que procede es abajarnos de nuestro soberbio trono y aceptar la intrínseca, Misericordia de Dios  No se entiende  que  por voluntad propia tantos y tantos vayan a quedar fuera del reino de Dios. Se podría reducir ese número. Tal vez cuando lo vean para creer  estando ya en la eternidad, reconozcan su torpeza y aun no sea tarde. Jesús por nosotros todavía sufre paciente, sufre cada vez más y los ángeles no se explican cómo es que siga siendo tan Misericordioso con quien no se lo merece.  Saben de su poder y conocen de la infalibilidad de su justicia, por eso nos piden arrepentimiento, penitencia, reconocimiento a Jesús y adoración. 

Lo más triste e incomprensible de todo, es que se quede solo y eternamente sin Dios, quien por sí solo, por necedad, por envidia y por soberbia, se rebela! !Qué lástima que por negarse a escuchar la correctora, insistente y sabia voz de Dios, y hacer caso en cambio a la dulzona, zalamera y mentirosa trampa del maligno tantos se queden sin luz, luz que viene del cielo y es conocimiento que les llevaría en andas a la eterna felicidad! 

Muchos justos también piden de Dios, para los pecadores, unos la Misericordia y otros la Justicia.  Dios tiene la palabra final, que trae el castigo o dona el Amor..

¡Pero bueno, me he extendido! 

Tan solo quería dar introducción a cierto testimonio personal que quiero ofrecer, cierta llamada insistente que a mí se me hizo, y que a todos se nos hace muchas veces; llamada que por la gracia de fidelidad a los Sacramentos se convierte no en supuesta llamada que provenga de mi parte, sino en imperativa llamada de Dios, que por medio de sus siervas y siervos a todos se nos hace. UN LLAMAMIENTO AL AMOR.

En este mi caso, todo comenzaba así: desde mi ingenuidad, haciéndome a mí mismo, esta pregunta:

¿Qué quería decir y de quien procedía aquel  ACUDID A MI que de modo directo y por medio de una voz interior escuchaba y luego me invitaba a rubricar en un escrito?

Para mí el origen, motivo, destino y significado del mensaje, llegado este momento, está claro. El modo en que entonces se puso en marcha la acción fue una maravilla; es sorprendente cómo Dios mueve los hilos y cómo ha hecho de forma maestra que pasado el tiempo, se vayan disipando las dudas que en principio surgen, hasta que luego con nuevas pruebas, se activa y desarrolla en nosotros un sentido de certeza de ser El y nadie más quien suscita y provee estas cosas, estos sorprendentes comunicados espirituales, con el fin de que se lleve a efecto su obra, su plan. No cuando nosotros pensamos o queremos sino en su momento, en el momento que determina Dios. En el momento y tiempo que considera EL, poner en marcha su hacer. 

Ya con este acomodo, me resulta fácil explicar a los demás la alegría que produce darse cuenta de cómo Dios nos ama, de qué maravilloso modo desata el amor a la sabiduría en nosotros, y cómo a pesar de nuestra pequeñez, con un poco de curiosidad y poco esfuerzo deja que nos acerquemos a El para motivarnos más todavía a que le conozcamos; es entonces cuando se adapta al modo de entender de su criatura y le permite a esta trabajar en descubrir lo que Dios quiere de cada uno y nos deja crecer en conocimiento, no hasta donde pretendemos llegar, sino hasta donde Dios mismo quiere que lleguemos. .

¿Qué cosas o gracias  inteligentes serán las que Dios Creador no nos haya dado? Se comunica  con nosotros de miles de formas. Tal y cómo entiendo las percepciones, esta de ACUDID A MI (que ya la dijo en el evangelio) siendo una más de las que como un eco he podido recibir, no es que solo vaya dirigida en exclusiva a mí, siervo inútil, sino que como fue dicha en plural, así la escribí en su momento y por eso la comunico, pues es llamada generalizada, donde se nos sugiere a todos acercarnos a El, sobre todo si estamos angustiados, necesitados de escuchar el palpito de un corazón que nos ama y en su divino hábitat no ofrece refugio seguro. ACUDID A MI, sí, Jesús dice, Venid a mí si estáis sedientos o ávidos de conocimiento, si habéis sido desahuciados o estáis hambrientos de saber, enfermos o ciegos queriendo ver; A todos se nos invita a encontrar a Dios siguiendo el camino que como procedente del cielo El conoce y nos señala, un cielo al que de forma repetida como enviado de Dios nos llama, prometiéndonos paz, por tan solo desearla y amor por tan solo amar y eternidad por tan solo confiar en Dios y en su palabra.

Es un llamamiento a todos los necesitados de amor, pero en especial a los que no se lo dan;  pide asimismo a aquellos que le tienen más devoción, se hagan  partícipes de su obra de redención y amen a los demás con obras de Fe, con oraciones, con sacrificios; y si hace falta, ayudándolo en ese camino de cruz, aprendiendo a amar una ciencia que aunque conlleva esfuerzo, aguante y entrega, como escogidos debe llenarnos de alegría, por la cercanía a Dios que supone cumplir el mandamiento de amar a quien lo precisa en un acto de gratuidad donde nuestra valentía y ternura manifiesta, muestra a los demás la fuerza de Dios obrando en nosotros.  Dios se hace presencia y realidad en quien pone en práctica la palabra de Jesús, camino, verdad y vida; Maestro que nos enseña todo aquello que agrada a Dios.  La cruz nuestra, que El hace suya, va directa con El a su Gloria.  Y nosotros debemos decir sí sin reparos  al llamamiento al amor de esa voz  que nos salva.

El título de aquel libro recomendado por un amigo en el desierto carmelitano de San Jose de Batuecas, allá en Salamanca, donde había estado nueve días de retiro, lo traje apuntado en un cuaderno, y apenas llegar a Pamplona  lo dejé encargado en la librería diocesana; tarde o temprano lo recibirían y me darían aviso para ir a recogerlo. Estaba escribiendo mis pensamientos como habitualmente, en la tranquilidad de la tarde; esta vez pensaba en cómo nos saludaría un ángel que viniera a decirnos algo en nombre de Dios. 

Como viniendo de su parte o enviados por El, supuse que nos dirían algo así como lo que instintivamente dejé escrito:  

El Señor está con vosotros”  

De repente y como si un ángel de verdad se hubiera hecho presente, sentí una especie de envolvente presencia en derredor, una invisibilidad que derramaba paz; y escuché unas inesperadas palabras, que desde lo más cercano me dictaban y que escribí en el cuaderno que tenía enfrente sin que nadie me persuadiera a hacerlo.

ACUDÍD A MI!”

Mi actividad de escritor y yo diría que hasta el mundo entero en ese instante se paró. Me quedé contemplando como extasiado esas palabras que acababa de escribir y las remarqué en un recuadro. 

No tuve tiempo ni de meditar ni de seguir escribiendo, sonó mi teléfono celular:

-“Es de la librería diocesana, usted nos dejó encargado el libro “UN LLAMAMIENTO AL AMOR” de….

(Aquella voz parecía estar buscando los créditos) y por eso estuve presto a adelantar a mi interlocutora

–La autora es Sor Josefa Menéndez. Gracias, hoy mismo pasaré a recogerlo.

Cerré los cuadernos que había estado empleando, me repeiné un poco, salí de casa y tomé el autobús que partía para el centro. Treinta minutos después entregaba mi Master Card a la dependienta para efectuar el pago. En tanto lo hacía, tomé el libro en mis manos y dejé pasar las páginas haciéndome al tacto y suavidad del tipo de papel, recordando un tiempo en el que yo había trabajado como auxiliar de máquina de impresión a cuatro colores en la poderosa editorial SALVAT.

Mi dedo pulgar derecho se detuvo al final del recorrido por las páginas, se quedó quieto en la última de las fotos y lo hizo de un modo instintivo. Mis ojos rápidos y analistas se posaron entonces en el brillo de aquella fotografía tomada en blanco y negro; se trataba de una imagen del Sagrado Corazón de Jesús tallado en piedra, trabajo de algún artista que a mi juicio, había conseguido dar una  expresión de infinita serenidad y bondad  a aquel rostro que aparecía con los ojos cerrados en una actitud de piadosa reflexión, como si después de vernos un instante a todos nosotros aquellos por quienes ha padecido, muerto y luego resucitado, cerrase los párpados y nos memorizase  en su interior. Su corazón irradiando fuegos de estrella incombustible, me pareció grande, grande, tanto como para cobijar en su sagrada entraña, millones de nombres renovados ya por El y confiados a Dios por su amor caritativo.

-Firme aquí. -  Me indicó la dependienta.

Pero yo ya no estaba en C/ José Alonso, quería volver  a casa volando. Antes de cerrar el libro había reparado en aquella frase que figuraba impresa bajo la fotografía descrita del sagrado Corazón. Aquellas tres palabras me sonaban a algo muy cercano y familiar. Quería correr a casa, abrir mi cuaderno y comprobar atónito si esa frase era la misma que poco más de media hora antes, justo  en segundos previos a sonar el teléfono,  yo había escrito no al “tun – tun” , sino tras percibirla en un leve e inesperado comunicado sorprendente. 

Sí, el corazón me latía a mil cuando llegué a casa,  la frase no se había borrado del cuaderno, estaba bien señalada en un recuadro a bolígrafo; era la misma que figuraba bajo la foto del corazón de Jesús en el libro que acababa de comprar. UN LLAMAMIENTO AL AMOR 
        
“ACUDID A MI”

Más claro no podía estar, con toda su bondad y despliegue de medios, Jesús me llamaba, primero  a confiar en su Infinita Misericordia en la que se muestra ávido de quemar toda miseria con ese fuego de amor que El siente por todas las almas, ese fuego que arde en su corazón. Pero también me llamaba a amar, y a comunicároslo a vosotros, pues tras la muerte al pecado, su Misericordia es la fuente divina, de donde brota toda vida y felicidad. 

         
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Ya que para mí es una valiosa prueba de la autenticidad de los mensajes decidí utilizarla como proclama genérica de esta pequeña obra, es la segunda vez que me lo han dicho, ahora ya sé de sobra y con certeza de quien procede, a quien debemos acudir y a quién nos tenemos que unir con determinación.